DIEGO RAMOS

El duende de Diego Ramos

Cuando contemplo una obra del pintor Diego Ramos, me cautiva el duende que encierran sus pinturas, esa magia que no se ve, pero está presente en los artistas privilegiados, que todo lo que tocan lo hacen diferente.

Un joven artista que en estos momentos está pletórico de facultades pintando con la edad de Cristo, juventud madura y maestra en el modo y en la forma de rematar sus “faenas” pictóricas.

Decía Matisse: “El dibujo pertenece al espíritu y el color a los sentimientos”, cuando contemplé un Manolete vestido de rosa pálido y oro, de Diego Ramos, vi patente el espíritu y el sentimiento de los dos artistas frente a frente, el uno toreando y el otro pintando.

Perfectamente puede observarse en la pintura de Diego Ramos el rito de vestir de luces a un torero a través de una mezcla de colores, llenando la escena de liturgia, silencio y ascensión.

Su singular personalidad ha hecho de él que no tenga que firmar sus obras, porque llevan el duende inconfundible de un artista que ha conseguido darle vida y colorido a un arte cargado con siglos de historia.

Dos artes unidos en una misma obra, el de torear y el de pintar, que, cuando los ilumina el duende suelen pasar a la historia de todos los tiempos.

Tener una obra de éste joven artista es poseer una parte de la historia del toreo en cuerpo y alma,el cuerpo lo pone la pintura y el alma el duende del pintor.

 

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